Probabilidades y ansiedad. Los ¿y si...?

Probabilidades y ansiedad: los «¿y si…?». Por qué enganchan y cómo se trabajan en terapia

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Seguro que te ha pasado.
Y si no te ha pasado a ti, seguro que lo has visto muy de cerca. Un juego de probabilidades y ansiedad asociada a las mismas.

Ese momento en el que tu mente se queda atrapada en un “¿y si…?” y ya no hay forma de salir.

¿Y si este dolor es algo grave y nadie lo ha detectado?
¿Y si me desmayo?
¿Y si me deja?
¿Y si pierdo el control?

En consulta, una de las frases que más escucho es esta:

“Mi cabeza no para con el ‘y si…’”.

Y no es una forma de hablar.
Para muchas personas, el pensamiento se vuelve insistente, automático y agotador.

El error habitual del juego de probabilidades y ansiedad: intentar responder a los “¿y si…?”

Cuando aparece un pensamiento de este tipo, la reacción más habitual es intentar responderlo:

  • tranquilizarse,
  • convencerse de que no va a pasar nada,
  • buscar garantías,
  • ir al médico a por la enésima “segunda opinión”,
  • repasar pruebas,
  • consultar una y otra vez.

Tiene sentido.
Es lo que cualquiera haría si siente miedo.

Es “lo lógico”.

El problema es que, sin darnos cuenta, al hacer esto entramos en lo que llamo el “modo blanco o negro”.

El “modo blanco o negro”: cuando desaparecen las probabilidades

En el modo blanco o negro, el cerebro deja de pensar en probabilidades y empieza a pensar solo en posibilidades.

Y aquí está la trampa.

Como nunca podemos estar al 100 % seguros de que algo no vaya a ocurrir, la mente hace este salto:

“Si es posible, aunque sea remotamente…
entonces puede pasar.
Y si puede pasar, seguro que me pasará a mí.”

No importa que la probabilidad sea mínima.
El cerebro ansioso no está calculando riesgos, está buscando certeza absoluta.
Y como esa certeza no existe, la conclusión siempre acaba siendo negativa.

Buscar el 100% de certeza, siempre trae problemas… Es mucho más recomendable aprender a convivir con la incertidumbre…

Por eso los “¿y si…?” no se calman razonando.
Y por eso discutir con estos pensamientos suele empeorar las cosas; nos obsesionamos con ellos.

Por qué los “¿y si…?” no se eliminan a la fuerza

Si te ha pasado, sabrás lo frustrante que resulta intentar eliminar este tipo de pensamientos:

  • cuanto más intentas no pensar en ellos,
  • más aparecen;
  • cuanto más los analizas,
  • más convincentes parecen.

Esto no significa que estés haciendo algo mal.
Significa que estás luchando en el terreno equivocado.

En terapia no trabajamos eliminando los ‘¿y si…?’.

Trabajamos cambiando la relación con ellos.

Y esto marca una diferencia enorme.

Cómo salir del círculo de probabilidades y ansiedad: cambiar la relación con el pensamiento lo cambia todo

Cuando cambia la relación que tienes con esos pensamientos:

  • dejan de mandar,
  • pierden urgencia,
  • ya no activan la misma ansiedad,
  • y, muchas veces, acaban desapareciendo por sí solos.

No porque los hayas vencido, sino porque han dejado de cumplir su función.

Este enfoque requiere una valoración cuidadosa y personalizada, pero a grandes rasgos hay estrategias muy concretas que usamos en consulta.

1. Posponer el pensamiento (“ponerle horarios”)

Uno de los primeros movimientos es romper la disponibilidad permanente del pensamiento.

No se trata de expulsarlo, sino de decirle:

“Ahora no. Luego sí.”

Paradójicamente, cuando el pensamiento pierde el control del momento, empieza a perder fuerza.

2. Dejar de responderlo (“no alimentar al monstruo”)

Cada vez que discutes con un “¿y si…?” lo estás alimentando.

No porque tengas razón o no, sino porque le estás dando tiempo, atención y energía.

Cuando dejas de responderlo sistemáticamente, el pensamiento empieza a quedarse sin combustible.

3. Romper el automatismo

La ansiedad funciona por secuencias automáticas muy bien aprendidas:

pensamiento → alarma → respuesta → refuerzo.

En terapia trabajamos alterando esa secuencia, a veces de formas muy simples pero estratégicas, para que el circuito deje de funcionar como siempre.

Cuando el pensamiento deja de mandar, la ansiedad afloja

Este tipo de trabajo es el que realizamos en consulta.
Sin seguir las lógicas que cronifican el problema.
Sin luchar contra tu mente.

Usando su fuerza para encontrar los recursos.

Cuando el pensamiento deja de tener el control, la ansiedad empieza a bajar.
Y cuando baja la ansiedad generalizada, la mente recupera claridad.

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