Hay cinco frases sobre el TDAH que escucho casi todas las semanas en consulta. Algunas las trae el paciente, otras se las ha dicho alguien de su entorno, y todas tienen algo en común: suenan razonables y no se sostienen.
En el segundo episodio del podcast las repaso una a una, y después doy algo que me parece igual de importante: los errores más frecuentes a la hora de buscar ayuda profesional. Puedes escucharlo aquí o seguir leyendo.
Los cinco mitos
1. «El TDAH no existe, es un invento moderno»
El TDAH tiene detrás una literatura médica y científica muy amplia. No es un diagnóstico de moda: hay documentos del siglo XVIII que ya describían a niños con problemas para concentrarse y para regular su conducta, y esa descripción se ha ido documentando a lo largo de toda la historia de la medicina.
Hoy está reconocido como trastorno del neurodesarrollo por la Organización Mundial de la Salud, entre otras entidades. Y lo está porque sabemos que afecta a estructuras cerebrales concretas, sobre todo la corteza prefrontal, y que implica una desregulación de la dopamina y la noradrenalina, dos neurotransmisores clave en la motivación y en la concentración.
2. «El TDAH solo afecta a los niños»
Esto hay que aclararlo, porque a mi consulta llegan muchísimos adultos con síntomas que nadie les diagnosticó de pequeños. Los tenían ya en la infancia, pero no ha sido hasta ahora, con más conciencia social sobre el trastorno, cuando han podido entender qué les pasaba.
Sí cambia la forma de presentarse. En los niños suelen predominar la hiperactividad y la impulsividad. Con los años, esa inquietud motora se va regulando: el niño ya no es «tan movido». Pero las dificultades de atención y la impulsividad no desaparecen.
La adolescencia merece mención aparte: es una etapa de especial vulnerabilidad cuando hay un TDAH sin diagnosticar. Si esa impulsividad encuentra refugio en el consumo de sustancias, el riesgo de desarrollar una adicción se dispara.
3. «Es falta de disciplina o mala crianza»
Este es el que más daño hace. Imagínate que tienes TDAH, o lo tiene tu hijo, y encima te llega el mensaje de que el problema es que no te han educado bien o que no has sabido educar. Todo el peso de la culpa encima, y es radicalmente falso.
La crianza y la disciplina son fundamentales para manejar el TDAH, pero no lo causan. Es un trastorno neurobiológico con una base genética muy fuerte: en torno al 70% de los casos, el padre o la madre también lo presentan. Es una heredabilidad altísima, mayor que la de enfermedades que asociamos a la herencia, como la diabetes o algunos tipos de cáncer.
El entorno influye en cómo se manifiesta, claro. Pero la causa es biológica. Un niño con TDAH no se comporta así porque quiera ni porque sus padres lo hayan hecho mal: su cerebro funciona de otra manera, y entenderlo es justo lo que permite manejarlo bien.
4. «Los medicamentos del TDAH son peligrosos y adictivos»
El mito viene de que algunos de los fármacos que usamos derivan de moléculas emparentadas con las anfetaminas. Pero no tienen su potencial adictivo ni producen euforia: hacen lo contrario, reducen la impulsividad y la hiperactividad y ayudan a sostener la atención mientras dura su efecto.
Es más: los psicoestimulantes son los psicofármacos que más eficacia han demostrado, por encima de ansiolíticos y antidepresivos, con mejor respuesta y mejor adherencia. Como cualquier fármaco, habrá a quien no le siente bien o tenga alguna contraindicación, pero son medicamentos muy seguros y conocidos desde hace décadas.
5. «Si puedes concentrarte en algo que te gusta, no tienes TDAH»
Mucha gente se descarta a sí misma por esto: «si puedo pasarme tres horas con un videojuego o leyendo, no será TDAH». Pues no.
Existe el fenómeno contrario a la inatención, que llamamos hiperfoco: cuando algo motiva de verdad, la persona puede quedarse horas sumergida en ello, perdiendo la noción del tiempo, sin acordarse de comer o de ir al baño. No solo es compatible con el diagnóstico, es que lo vemos continuamente en quienes lo tienen.
Cuatro errores al buscar ayuda
Autodiagnosticarse con internet y redes sociales
Buscar en Google, preguntarle a ChatGPT o identificarse con un vídeo está bien para informarse, pero no para diagnosticarse. Las redes están llenas de contenido diseñado para que te reconozcas en él, y muchas veces usa síntomas tan inespecíficos que valen para cualquiera: «si estás cansado, te notas hinchado y te irritas con facilidad, podrías tener tal cosa». O podrías haber dormido mal.
Acudir a un profesional no especializado
Hoy la consulta online ha eliminado las barreras geográficas: puedes elegir al profesional que quieras. Ya que puedes, elige a alguien especializado en lo que te interesa. Si lo que quieres es valorar un posible TDAH, busca a un psiquiatra o psicólogo clínico especializado en TDAH.
Creer que un test basta para diagnosticar
El diagnóstico del TDAH es clínico: lo hace un profesional, con entrevista. Los test pueden apoyar o aportar información de cara al tratamiento, pero no son necesarios para diagnosticar. Yo los uso, sí, pero cuando tengo dudas o para completar el estudio, no para decidir el diagnóstico.
Pensar que a cierta edad ya no merece la pena
Hay gente que llega a los 30, los 40 o los 50 y da por hecho que a estas alturas mirárselo es una tontería. Es cierto que tratarlo pronto es mejor, pero nunca es tarde. Tengo pacientes que han venido después de muchos años trabajando, incluso con mucho éxito, y que me cuentan lo mismo: lo han conseguido a base de horas extra y fines de semana sacrificados para hacer cosas que a sus compañeros les costaban la mitad.
El criterio no es la edad. El criterio es si estás sufriendo por ello.
Y una última idea para quitar otro malentendido: el tratamiento del TDAH no es solo farmacológico, es multimodal. Hay una rama de medicación y hay otra de psicoterapia y estrategias concretas de organización, gestión del tiempo y adaptación del entorno escolar o laboral. Lo iremos viendo en los próximos episodios.
Si crees que esto va contigo
Si al leer los mitos te has reconocido en varios, el primer paso puede ser ordenar lo que llevas notando con este cuestionario de cribado. No diagnostica, pero ayuda a decidir si merece la pena dar el siguiente paso.
Y si lo que quieres es la valoración de la que hablo en el episodio, puedes reservar una primera consulta.
Transcripción editada del segundo episodio de Estate atento. Todos los episodios están en la página del podcast.

